La Colonización Española de California: Fray Junípero Serra y Juan Bautista Anza, los dos últimos Conquistadores. En los artículos anteriores tuvimos la ocasión de analizar la influencia de España en Tejas, esta vasta área del sureste norteamericano que en la época de la conquista constituía solamente el flanco este de la frontera norteña de Nueva España, y que hoy es Méjico. Su importancia geopolítica era notoria por estar esta frontera amenazada no solamente por las tribus nómadas de los apaches y los comanches, sino también por los traficantes de armas franceses que con su política de intercambio estaban aproximándose al territorio hispano desde Nueva Orleán, en la desembocadura del Misisipí. La región central de Nuevo Méjico y Arizona, primeramente explorada por Coronado, no ofrecía riesgos ya que estaba afianzada por los religiosos franciscanos, cuyo rosario de misiones se extendía hasta Santa Fé. El flanco de la frontera del oeste, se encontraba, por el contrario, amenazada por los filibusteros ingleses, que ya habían empezado a hacer incursiones desde el Pacífico, así como por los rusos que veían esta fértil región como una futura despensa para los extensos dominios asiáticos de la gran zarina Catalina. Cuando se descubrió la desierta Baja California desde el mar de Cortés, se creyó que esta era un isla, o al menos, que estaba rodeada en su parte norte por vastos brazos de mar o de ríos, zonas desérticas y grandes cañones o barrancas que la hacían así impenetrable por tierra. Solo algunos navegantes expedicionarios, como Sebastián Vizcaíno en 1603, habían puesto pie en algunos puntos de su costa, a saber : una ensenada a la que se le llamó San Diego por el día de su descubrimiento, un canal entre la ribera y un conjunto de pequeñas islas que llamaron Santa Bárbara y una colina o promontorio estratégico más al norte que fue denominado, en honor del monarca español Carlos III, Monterey. Fray Junípero Serra, un famoso predicador escolástico de la Universidad Franciscana de Palma de Mallorca, siente la llamada misionera en 1749 durante la campaña que el Visitador General de las Indias, de regreso en España, hace entre sacerdotes peninsulares. El predicador mallorquín, a su llegada al Nuevo Mundo, queda bajo la jurisdicción del Colegio Franciscano Capitalino de San Fernando dedicándose a la evangelización durante nueve años por tierras al norte de la capital. Más tarde es enviado por su Procurador General, junto con otros dieciséis franciscanos, a la Baja California para así ocupar las misiones que allí anteriormente habían establecido los jesuitas. Este traslado tenía como objetivo reemplazar a los jesuitas, a quienes por orden real, se les había desposeído de sus posesiones, no solo en España, sino también en sus colonias. Es así como Fray Junípero conoce al Visitador General o Ministro Español para las Indias, el malagueño José de Gálvez. El carácter intrépido y similares estrategias político-religiosa de ambos forjan una común amistad para hacer frente a las amenazas geopolíticas en el territorio de la Alta California, de ello resulta la organización de una campaña misionero-militar para mediante la fundación de diez misiones-presidios afianzar el poder español en California. En 1722 los nuevos refuerzos llegados de España, esta vez de la Orden Dominicana, son desviados por el nuevo virrey Bucareli a las misiones de Baja California, mientras que los franciscanos, encabezados por Serra y más políticamente activos y conocedores de las aspiraciones del gobierno español, se organizan para la campaña de colonización de la Alta California. Bucareli es así convencido por Junípero para continuar el plan de la colonización, pues esta estaba en precarias condiciones por falta de ingresos económicos, soldados y colonizadores, y además hacía ya varios meses que los rusos habían avistado las costas de California. Es por ello que Junípero escribe un memorándum para convencer a la Junta de las Indias en Madrid del imperativo de proseguir con este empeño, incluyendo entre sus peticiones la financiación de una expedición por tierra a California desde Sonora capitaneada por el coronel de Anza. Las comunicaciones de Méjico y Baja California a la Alta California se hicieron al principio por mar ya que grandes ríos y el desierto de Sonora separaban Méjico de California. El coronel de Anza, en Sonora sostenía que era posible esta comunicación por tierra pero fue matado por los indígenas antes de poder llevar a cabo su propósito. Su hijo, el capitán de Anza, financiado por el gobierno español , gracia al aval de Junípero y Bucaneli, logró conseguirlo en seis semanas cruzando la región de los indios Yumas para así alcanzar Monterey y San Francisco. En los albores del siglo XIX los ingleses en asociación con los canadienses empiezan a viajar explorando la costa oeste americana desde la Columbia Británica, así como los estadounidenses, que ya independientes, se abren camino a través del Paso de Oregón. La influencia española sobre la población indo-californiana no alcanza con el paso del tiempo la noble meta que Fray Junípero se propuso, ya que el choque con las culturas europeas, traída por nuestro sistema de gobierno primero y luego por el norteamericano y el contagio de enfermedades infecciosas diezmaron la población indígena, a pesar de la buena intención de los frailes que hicieron todo lo posible por mitigar el impacto de la reducción de la población que estaba bajo la supervisión española. Con el tiempo la tragedia india caería en el olvido, y la influencia misionera en California quedaría ennoblecida por el romanticismo histórico que su arquitectura colonial inspira en el alma popular de los norteamericanos de hoy en día.