Galvez

Como malagueño de origen que soy, me gustaría en esta ocasión rememorar a los Gálvez, paisanos míos, de Macharraviaya, pueblecito de la Axarquía. Esta comarca, al oriente de la ciudad de Málaga, se encuentra surcada por montañas de mediana altura, que, descendiendo escalonadamente desde la serranía granadina hacia el mar, enmarcan una serie de valles con un microclima subtropical ideal. Este edén andaluz permite el cultivo de árboles frutales y vegetación de muy variada especie, sobresaliendo, quizás por tradición, la rica uva dorada bajo el ardiente sol del Mediterráneo, y que ha hecho famoso por el mundo al oloroso y dulcísimo vino de Málaga.
La familia de los Gálvez dio a España cinco hijos ilustres: José, sus hermanos Antonio y Matías y el hijo de éste, Bernardo, en el siglo XVIII, y otro, José, a principio de nuestro siglo, médico, mecenas y alcalde de la ciudad, que fuera un día mentor de mi padre en sus años mozos, cuando acabados sus estudios de medicina se estableciera en mi ciudad para ejercer su profesión de radiólogo. Este Don José tiene hoy su estatua en los jardines de la catedral a la que los lugareños llamamos "La Manca" por faltarle una torre, como resultado de las rogativas y cuitas de don Bernardo, aquel otro Gálvez famoso que fundara la ciudad de Galveston y del que hablaremos más adelante.
El primer Don José de la saga (1729-17887) fue un afamado abogado que, de alcalde de Casa y Corte, pasó a ser Ministro del Consejo de Indias y luego Visitador General de la Nueva España. A partir de aquí su actividad honda y reformista, se desarrolla en dos escenarios: en México como Visitador y en España como Ministro de Estado del Despacho Universal. A la Nueva España fue con amplias facultades, con objetivos muy concretos, especialmente tocante a la real hacienda. Saneó por eso los tribunales y empleos, combatió el fraude y el contrabando, corrigió los fallos de las aduanas de Veracruz y Acapulco, estancó el tabaco, e impuso nuevos impuestos (pulque) aumentando notablemente las rentas reales. Otro aspecto de su misión se centró en el ejército y las defensas. Organizó a la tropa y promovió la creación en el norte de presidios y la nueva demarcación de la Comandancia General de las Provincias Internas. A él se debe la remisión de expediciones a la Alta California (Portolá y Fray Junípero Serra) en el año de 1769 que daría lugar a la fundación de San Diego y Monterrey en California. Durante su estancia en México tuvo lugar la expulsión de los jesuitas, tarea que le cupo cumplimentar. Vuelto a España y nombrado Secretario de Estado, impulsó un amplio programa de reformas personificado en el establecimiento del comercio libre y el régimen de Intendencias. Don José fue también el primero que sintió la necesidad de contar y recopilar toda la documentación referida al Nuevo Mundo en un solo repositorio y así influyó al rey Carlos III para que capacitara a la antigua lonja de Sevilla como Archivo General de las Indias en el edificio que había sido construido por Herrera (el mismo arquitecto que diseñó El Escorial) y el mandato de recopilar los datos esparcidos por otros archivos y lugares fue dado al valenciano Juan Bautista Muñoz, que con ello escribió la primera Historia de América en nuestro idioma, contribuyendo así a la empresa de la Ilustración en España.
Don Matías Gálvez (1717-1786) destacó como capitán general de Guatemala y presidente de su Audiencia y como virrey de la Nueva España. En Guatemala combatió con éxito los asentamientos británicos centroamericanos. En su corto período de virrey novohispano realizó obras de urbanismo en la capital, que dividió en cuarteles, y favoreció la restauración del Castillo de Chapultepec (México). Apoyó el desarrollo de la Academia de Bellas Artes y la publicación de La Gaceta de México. A él cupo organizar el Banco de San Carlos, dependiente del Banco de España. El hijo de don Matías, don Bernardo (1746-1786}, militar de profesión, tuvo una extraordinaria hoja de servicios. Participó en la Guerra de Portugal, estuvo destinado a la frontera mexicana y combatió a los apaches. Formó parte de la expedición fracasada contra Argel, en Africa, que comandó O'Reilly, y perfeccionó su formación militar en Francia. En 1777 fue designado gobernador de Luisiana por el rey Carlos III, quien había decidido reforzar nuestras posesiones en el área de la desembocadura del Misisipí,y una vez ratificada la alianza con sus primos los Borbones de Francia declarar la guerra a Inglaterra que en aquellos momentos trataba de evitar el levantamiento independentista de sus trece colonias en Norteamérica. Los ingleses por aquel entonces no solo habían arrebatado a España Menorca, Gibraltar y La Florida, sino que pretendían encontrar por el norte del Canadá un pasaje que les condujera al Pacífico noroeste para así posesionarse de la Alta California. Don Bernardo sostuvo una inteligente política para afianzar el sur del continente norteamericano en manos de la Corona española: atrajo a los indígenas del área y reclutó colonos canarios y malagueños de la Axarquía y con ellos fundó las ciudades de Galveston, Nueva Iberia, Valenzuela y Baral. También consiguió prerrogativas del tesoro real para preparar una armada en los márgenes del Misisipí, pero falto de fondos usó el dinero recolectado en Axarquía, su patria chica, para erigir la torre que le faltaba a la "manca" catedral. Luego atacó a los ingleses conquistando Mobile y Pensacola rescatando a La Florida. De este modo Gran Bretaña quedaba eliminada del territorio norteamericano desde la costa este (al independizarse las trece colonias) y por toda la margen sur del continente. Así la frontera española en Norteamérica se volvió transcontinental, gracias en parte al empuje y valor de don Bernardo Gálvez, a quien el rey concedió más tarde el virreinato de Nueva España.