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Grandes Instituciones Cubanas

BREVE RESEÑA DE UNA ILUSTRE CORPORACIÓN:

LA ACADEMIA CUBANA DE LA LENGUA

Emilio Bernal Labrada

Uno de los pilares de la vida intelectual de nuestra isla es, sin duda, la Academia Cubana de la Lengua (ACuL), que cumplió en el año en curso (2016) 90 años de fundada. Parecería un misterio que para tan significativo hecho se escogiera un 19 de mayo, fecha que coincidió con la tan luctuosa de la muerte en combate del apóstol José Martí. De haberse consumado al día siguiente, se podrían celebrar sus aniversarios en nuestra más señalada fiesta nacional, el Día de la Independencia.

El asunto tiene su explicación: dada su condición de entidad correspondiente de la Real Academia Española (RAE), ¡la ACuL se fundó en Madrid! Damos por supuesto que, como cuestión de principios, no era esa la intención de los cubanos que gestaron su creación. Don Fernando Ortiz, su principal impulsor, advertía a don José María Chacón y Calvo —también muy involucrado en fundarla— que los integrantes de la flamante institución no debían ser nombrados por la RAE sin contar con la aprobación de los cubanos que de veras le darían vida.

Sin embargo, al parecer fueron los académicos españoles quienes de alguna manera lo hicieran. De ahí que, sin darse la menor cuenta, escogieran una fecha tan impropia como un 19 de mayo. Los nuevos académicos cubanos podrían haber optado por declararla fundada el 2 de octubre, fecha en que, según consta en actas, se reunieron en La Habana para constituirla oficialmente.

Pero la fecha es apenas un detalle curioso que para nada empaña la ilustre historia de esta noble institución que ha reunido en sus salones —los cuales en varias etapas han coincidido con los domicilios de sus directivos—a los más destacados intelectuales, poetas y prosistas de la joven república. Había pasado casi un cuarto de siglo desde que culminó la gesta independentista. Si no fue la Academia Cubana una de las primeras en establecerse como correspondiente de la matritense Real Española —no pudo serlo hasta que sobrevino la ruptura política, que no espiritual, con la Madre Patria— tampoco fue de las últimas. En aquel entonces sólo se habían fundado doce corporaciones análogas, entre ellas, un par de años antes, la de Filipinas. Fue su primer director el filósofo, escritor y político don Enrique José Varona, que había sido ya vicepresidente de la república y que, por su enorme prestigio y limpieza de carácter, reunió a su alrededor a las mentes más preclaras y descollantes en el ámbito de las letras.

En orden cronológico, sucedieron a Varona los notables pensadores

Mariano Aramburo y Machado,
José María Chacón y Calvo,
Antonio Iraizoz,
Ernesto Dihigo López-Trigo,
y Dulce María Loynaz Muñoz.
Ya en etapas más recientes ocuparon el cargo
Salvador Bueno,
Lisandro Otero y
Roberto Fernández Retamar, este último poeta y escritor de reconocida trayectoria durante la etapa llamada "revolucionaria".

Cabe acotar que doña Dulce María Loynaz, la insigne poetisa (siempre se opuso a atribuirse el masculino poeta, hoy tan de moda) fue uno de los puntales de la corporación. Luego de ingresar en 1957 a propuesta de don José María Chacón y Calvo, encargóse de luchar por la supervivencia de la entidad durante los decenios 70 y 80. El prestigio literario de Dulce María, respetada hija del Mayor General Enrique Loynaz del Castillo, le ganó el nombramiento a Vicedirectora. Su compromiso con la institución la llevó, en 1976, a acogerla en su propio domicilio vedadense, donde permaneció unos treinta años hasta el ya mencionado traslado al Colegio de San Jerónimo. Ya para entonces había llegado a ser la Directora y, acaso, el hada madrina que, gracias a su tenacidad y en función de su prestigio intelectual y su abolengo, salvó a la ACuL de una penosa desaparición.

Tuvo su recompensa la poetisa cuando, en 1992, se le concede el Premio Cervantes 1. Se celebraba el quingentésimo aniversario del Descubrimiento, y España quería demostrar su espíritu panhispánico condecorando a una notable figura del Nuevo Mundo. En el acto de entrega, S. M. Juan Carlos I se dirigió a ella con el apelativo de "La dama de América".

Sin apoyo financiero de clase alguna en sus primeros 25 años, hay que suponer que la ACuL se mantuvo gracias a los aportes que voluntariamente hicieran sus miembros económicamente más pudientes. No fue sino hasta el gobierno del Presidente Carlos Prío Socarrás 2 , en 1951, cuando por decreto presidencial se le reconoció a la corporación carácter "de interés público" y se le dio cierto apoyo económico y material, a la vez extensivo a dos academias más: la de Historia y la Nacional de Artes y Letras (ambas hoy desaparecidas, según entendemos). 3

En un principio se otorgó a las tres academias, en comodato, el antiguo edificio ocupado en la época colonial por los Tenientes Gobernadores, conocido como Palacio del Segundo Cabo, situado en la Plaza de Armas de la Habana, a la vista del Templete, donde según la historia Colón hizo celebrar la primera misa. Por cierto, integraban las tres instituciones, en distintas etapas, diversas personalidades de la oposición política al gobierno que ocupara el poder, sin que ello afectara su afiliación. (Es de lamentar que en los últimos decenios no siempre haya sido así.) Cubrían sus miembros prácticamente toda la gama ideológica y filosófica, contándose entre ellos desde liberales como Enrique José Varona hasta puntales de izquierda como Emilio Roig de Leuchsenring, quien se hizo muy notable en la etapa iniciada en 1959. Han prestigiado a la ACuL con su presencia y aportes el profesor y ensayista don Raimundo Lazo Baryolo y el 1 En 1984 y 1986 la propuso para el Cervantes, sin mayor apoyo de otros miembros, Alejandro González Acosta. Hubo que esperar hasta 1992, cuando, con el apoyo de académicos y altos funcionarios mexicanos en el ámbito cultural, tuvo éxito la gestión.

2 No fue durante la etapa de Fulgencio Batista y Zaldívar, como se ha afirmado en algunas instancias (tal vez con fines de empañar el prestigio de la ACuL).

3 La Academia de la Historia de Cuba (agosto 20, 1910) ha resucitado en el exilio, habiéndose establecido en Miami alrededor del 2012 bajo la presidencia del destacado escritor y periodista Emilio Martínez Paula; actualmente la dirige la legendaria figura de Luis Conte Agüero. El autor del presente artículo se honra en ser uno de sus miembros. jurista y catedrático universitario don Ernesto Dihigo y López Trigo —hijo del ilustre filólogo Don Miguel Dihigo y Mestre—; este último representó a la república en la creación de Naciones Unidas en San Francisco (1945) y fue embajador en Washington por breve lapso al inicio de la etapa revolucionaria. Dihigo perteneció, junto con Manuel F. Gran y Raimundo Lazo, al grupo de preclaros intelectuales que a principios de ese período fueron nombrados embajadores en Francia y ante la UNESCO, respectivamente.

Poco después la ACuL perdió —junto con las dos academias hermanas— el apoyo oficial y, además, el local de que disfrutaba en el citado inmueble de la Plaza de Armas. A mediados de los años 80 el entonces joven académico Alejandro González Acosta —hoy radicado en México— participó en una gestión para conseguirle a la ACuL el uso de una antigua sinagoga ubicada en la Avenida de los Presidentes y Calle 21, en El Vedado. Hubo acuerdo con la agrupación hebrea de cedérsela a cambio de restaurársele otra sinagoga ubicada en casco viejo de la ciudad (hoy "Centro Habana"). Pese a que el Comité Central del Partido Comunista quiso facilitar la gestión, impulsada por la entonces Directora de la ACuL doña Dulce María Loynaz, hubo al parecer intrigas y ambiciones personales que frustraron tan acertado plan.

Así, pasaría la ACuL medio siglo a la deriva hasta que Eusebio Leal Spengler, el Historiador de la Ciudad de La Habana y habiendo sido para entonces incorporado a la entidad, tuvo a bien encontrar la manera de conseguirle un espacio en el Colegio de San Jerónimo, ubicado en Obispo y San Ignacio en La Habana Vieja. Es un hecho digno de celebrarse.

También importa poner de relieve que, en los estatutos de la ACuL consta que no tiene cabida en sus actividades el planteamiento de temas "políticos ni religiosos". Otro punto encomiable en una corporación de su naturaleza. En la palestra internacional la ACuL estuvo ausente de varios cónclaves convocados desde los años 70 hasta los 90 por la Asociación de Academias de la Lengua (ASALE) —el organismo que hoy rige los destinos del español—así como de los Congresos Internacionales de la Lengua Española (CILE). Es digno de celebrar que últimamente sí haya participado en las reuniones académicas celebradas en Medellín (2007), Panamá (2011) y México D.F. (2015). Ha asistido a los últimos Congresos de la Lengua, salvo el de Puerto Rico en el 2016 por complicaciones de última hora en el visado.

Quienes apoyamos el concepto y valor de la noble corporación esperamos que continúe por esta trayectoria de acercamiento a sus congéneres del gran mundo hispánico a que todos pertenecemos.

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