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Cuba
antes de 1959
por Ana Luisa Queral
En
nuestra columna del mes pasado mencionamos que "por muchos
años, Estados Unidos compró el azúcar de Cuba
a un precio más alto que los precios del mercado mundial."
Esto se debía a que la legislación de los Estados
Unidos sobre el azúcar tenía un sistema de cuotas
de importación para ciertos productores fuera de la costa,
controlando así la competencia y fijando los precios para
proteger a los cultivadores americanos. Se les asignaban cuotas
fijas a Puerto Rico, las Filipinas, Hawaii, las Islas Vírgenes,
y a Cuba se le asignó un porcentaje del consumo de los EE.UU,
no cubierto por esas cuotas.
Al cambiar el sistema de gobierno de Cuba y establecerse un régimen
comunista basado en la propaganda antiamericana, la guerra a la
producción azucarera se desató con la incautación
de todos los ingenios y negocios privados, americanos y cubanos,
lo cuál hizo que el Presidente Eisenhower cancelara, en julio
de 1960, la compra de 700,000 toneladas de azúcar de Cuba
concedida por el resto del año, que hubiera sido aumentada
con 165,000 toneladas adicionales.
En los años antes de Castro, Cuba producía unos 8
millones de toneladas a un precio preferencial; en 1962 la producción
cayó a 4.8 millones de toneladas vendidas a la Unión
Soviética, que no las pagaba con dinero sino con productos
a los que fijaba precios excesivos. Y en 1964, cuando el precio
del azúcar en el mercado mundial llegó a 13.2 centavos
la libra, el más alto en 43 años, la cosecha de Cuba
llegó sólo a 3.8 toneladas.
La diversificación agrícola es importante para no
depender mayormente de un sólo producto de exportación,
pero no hay que desatender el producto que más ingreso produce.
Ya en 1953, de acuerdo con una publicación del Departamento
de Comercio de los Estados Unidos, Cuba tenía, además
de azúcar y tabaco, un excedente de productos para exportar,
como maíz, vegetales de invierno, frutas cítricas
y café. En cuanto a carne de res, de puerco, aves de corral,
leche fresca, condensada y en polvo, quesos y mantequilla tenía
suficiente para su abastecimiento y exportación.
En mayo de 1962, otra publicación del gobierno de los EE.UU.,
titulada Agricultural and Food Situation in Cuba declaraba: "Cuando
el gobierno de Castro asumió el poder, los cubanos estaban
entre las gentes mejor alimentadas del mundo." Debido al Plan
de Desarrollo Económico y Social de 1954, el sector agrícola
recibió muchas mejoras en almacenaje, irrigación,
refrigeración, mecanización e investigación
por las estaciones experimentales de agricultura. El Plan impulsó
la producción de carne, leche, aves, huevos, arroz, frijoles,
otros vegetales y frutas, para reducir las fluctuaciones de una
economía basada en un solo producto. Socialmente, incluía,
además de reforma agraria, ayuda técnica y económica
a los pequeños agricultores a través de organizaciones
de crédito y de cooperativas agrícolas. En el sector
industrial el crecimiento fue prodigioso. Sólo diremos que
se instalaron tres refinerías de petróleo, fábricas
de neumáticos para vehículos motorizados, fábricas
de alambres de cobre, y de cañerías de agua de hierro
colado que permitía la exportación de este producto,
cinco nuevas plantas para la manufactura de papel y cartón
usando el bagazo de la caña de azúcar como materia
prima.
También la Compañía Rayonera de Matanzas y
la Textilera Ariguanabo producían suficiente rayón
para surtir las demandas de diferentes mercados del continente americano.
Washington aprobó el financiamiento de una planta de nickel,
que sería la productora más grande del mundo libre,
y otra de cobalto, la más grande del hemisferio occidental.
La construcción empezó en 1942 en la provincia oriental.
El nickel se usa para la construcción de motores de aviones,
de planchas blindadas, y para forjar armas de fuego. Ni los EE.UU.
ni la U.R.S.S. producían nickel en su territorio y era el
producto que más necesitaban de Cuba. La planta se consideraba
uno de los logros de guerra más grande de la industria privada
de los EE.UU. dando trabajo a miles de cubanos, y también
viviendas, enfermería y cuidado para los niños de
los trabajadores, además de todos los beneficios de las leyes
laborales de Cuba. Pero todo eso, y el sistema de libre empresa,
se desmanteló al triunfar la revolución comunista.
Con el precio del azúcar alto y un ingreso nacional que permitía
uno de los más altos niveles de vida de la América
Latina, el año de 1957 puede considerarse el más próspero
de toda la historia de Cuba. Eso se reflejaba en el aumento de edificios
de apartamentos y de oficinas privadas, hoteles, obras públicas,
urbanizaciones y un túnel que conectaba La Habana con el
otro lado de la bahía. Por el gran aumento de los negocios,
la clase media se convirtió en una de las más extensas
de nuestra América. Contrarias a estos hechos, las noticias
que se publicaban en el exterior daban la falsa idea de una economía
en bancarrota y de un pueblo explotado por el imperialismo yanqui.
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