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SENTIDO CRITICO
por Paco Mora
"El
esplendor de los honores es como un Sahara, un inmenso vacío..."
Sedar
Senghor.
Vivimos en
una época en que todos los valores se acaban y solo sobreviven
los que están incorporados a la estructura social. El dinero,
el placer sexual, el deseo de autoafirmarnos o, sencillamente el
de triunfar. En cambio, todos esos valores que necesitan una justificación
intelectual y un esfuerzo personal para ser vividos son considerados
actualmente como ideologías. Aceptar esto, es a mi juicio
un error; pienso que se ha llegado a esta situación como
resultado de la crisis del marxismo. El marxismo despertó
falsas esperanzas y ahora hay conciencia de esa falsedad, y no porque
haya dejado de ser uno de los movimientos más sublimes de
la humanidad, sino por la incapacidad de llevarlo a la práctica,
pero al mismo tiempo el capitalismo carece de alternativa para el
marxismo. Me parece indispensable recordar que el hombre no puede
vivir sin esperanzas, porque esta forma parte de su dimensión.
En las religiones y en las utopías sociales hay constantemente
un paraíso, colocado al principio o colocado al final. La
civilización de hoy tiene en sí algo realmente peligroso
que no tiene que ver ni con capitalismo ni con el socialismo.
Desaparece el mundo de los mitos, de las parábolas y de la
fe, desaparece el mundo que, en cierto modo, controlaba todo lo
obscuro, todo lo ajeno a la pasión fría, y esto, sin
ese control, se ha vuelto salvaje. Vivimos en la época de
las paradojas, de las invenciones humanas increíbles, pero
también de la increíble ignorancia y fanatismo difundidos
precisamente por esas invenciones.
Actualmente
existe un seudo-moralismo que entusiasma a todos. Defendemos valores
siempre que estos no nos quiten nada a nosotros mismos y mucho a los
otros. Queremos ayudar a seres de otros países, a menudo alejados
y ajenos a nuestra existencia porque no queremos comprometernos con
nuestros conciudadanos. Nietzsche escribió "que el amor a lo
lejano es muchas veces una transfiguración del odio a los vecinos,
a los más próximos". Los recuerdos nos tiranizan o nos
redimen, y solamente cuando se recuerda el pasado o se imagina uno
el porvenir se inventan paraísos. Cuando uno recuerda su niñez,
vuelven a la memoria las grandes reuniones familiares en que las actitudes
de cada uno eran armoniosas, placenteras, solidarias. Ahora se vive
de otra manera, ya no hay valores trascendentales, solo se defienden
principios de simple convivencia. "Ráscame tú la espalda,
que después te la rascaré yo", dice un proverbio inglés.
Esto ha creado una persona tremendamente negativa que no había
existido con la fuerza que tiene hoy. Hay un viejo dilema que planteaba
(no recuerdo en este momento que filósofo) que es el "ser y
tener". En esta época lo importante es tener, acumular mucho,
pues se vale cuanto se tiene.
La vida no se improvisa, suelen decir los sabelotodo, la vida se diseña,
se organiza con esa maravilla que tiene la importancia de los acontecimientos
futuros, como el descubrimiento del amor, por ejemplo. La persona
madura tiene claro que el amor tiene un fondo de sacrificio importante;
el adolescente, el elemental, cree que el amor es todo maravilloso.
Y la vida de la pareja es lo más difícil que existe.
Yo no creo que la vida afectiva se pueda diseñar como si se
tratarse de construir una casa. El ser humano es fruto de las circunstancias.
Tomemos el caso de la belleza y de la inteligencia, por ejemplo. Yo
comprendo que una mujer bonita es algo superior a un hombre, aunque
este tenga talento. La belleza es una de las cosas más claras.
El hombre si tiene talento, para que se lo crean lo tiene que demostrar,
y no siempre encuentra la ocasión propicia. Una mujer guapa
en cambio no. Nada de esto se puede diseñar, se nace guapa
lo mismo que se nace inteligente o, viceversa.
Poseer un carácter crítico es señal de madurez
y desarrollo intelectual; desarrollar un sentimiento crítico
inteligente es un proceso, parte de la suficiente madurez para volcar
la curiosidad natural sobre nosotros mismo; continúa con la
dosis de equilibrio necesaria para juzgarnos con objetividad, y culmina
con el grado de sensación adecuado para darnos cuenta si algo
está mal en nosotros, como medio para detectar nuestros errores
y adquirir conciencia de ellos. Se necesita tener pues, voluntad e
inteligencia, y creo que una persona con voluntad en la vida llega
más lejos que una persona inteligente. La voluntad es un instrumento
que nos ayuda a superar, a pulir muchas cosas de uno mismo.
Estamos a las puertas del siglo XXI gracias a un perpetuo contraste
entre la utopía razonable y la realidad social, y la frontera
entre una y otra ha debilitado la crítica. Si degradamos la
crítica en el vicio del cotilleo, nos pondremos al borde del
precipicio, pues de un lado estrangulamos la fantasía, la utopía
como anhelo de un mundo mejor, y de otro abortaremos la curiosidad
de la creatividad humana.
La grandeza del ser humano reside en su imperfección. Sin providencia
divina en nuestra vida cotidiana, solo nos queda ese sencillo seguir
aprendiendo de nuestros errores.
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