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Jucenoli es el pseudónimo de un miembro muy conocido y respetado de la comunidad hispana de Baltimore. Usamos su "nom de plume" para proteger su identidad.


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“Como médico siempre he creído en una expresión de un libro arcano que decía ‘ la real labor de un buen médico, es mantener al paciente contento, mientras que la madre naturaleza lo cura'”

 

Arizona Bar and Grill CONFESION A UN AMIGO, por Jucenoli

Ayer vi a un amigo llorar, y me alegré. No con esa satisfacción desbordante que uno experimenta cuando algo feliz y bienaventurado nos sucede, sino más bien con un agrado colateral que es inevitable cuando sucede algo trágico, o de infortunio a un prójimo, o aun a uno mismo. Me alegré de que en esta ocasión, yo no fuera ni el causante ni la victima de los acontecimientos que afligían a este mi querido amigo. Una suerte de consolación y tranquilidad vicariante que experimenta una madre que vive en la más abyecta miseria y observa cuando un huracán ha barrido con sus magras pertenencias terrestres, pero contempla con alegría al hijo en sus brazos y aún dice: ¡Gracias a Dios que pude salvar a mi hijo!, minimizando con esta excusa el inmenso dolor de una pérdida irremplazable.

O como nos referíamos a esta misma tarde , totalmente nublada , pero que lamentábamos poco por que el clima era extraordinariamente cálido para esta parte del año, como tratando desesperadamente de encontrarle significado a nuestro conocido adagio “No hay mal que por bien no venga”

Pero a pesar de todo, fui sobrecogido por el dolor que en toda apariencia había visitado a mi amigo, el cual en forma desesperada trataba de expresar en un honesto llanto pero que, debido a su inexperiencia en verter lagrimas, su rostro deformado por el rictus propio del sufrimiento y del dolor, fallaban a hacer brotar las necesarias lágrimas que por experiencia sé que dan la paz y la tranquilidad por el desfogue emocional para las que han sido creadas, y lo único que lograban era crear muecas torpes desfigurando su aún atractivo rostro el cual estamos acostumbrados a observar sonriente y sano.

Mi amigo obviamente no tiene la experiencia de un derramador de lágrimas inveterado como yo , que a través de mis múltiples errores, en el curso de toda una vida, ya sea he sido el portador o el receptor de malas acciones por las cuales he vertido y expresado alternativamente mi arrepentimiento o mi rabia e impotencia.

Pero este amigo siendo un hombre bueno, a parte de hechos ineludibles como defunciones de seres queridos , jamás ha tenido, me imagino la oportunidad ni el deseo de propiciar un acto desagradable a un prójimo, por no estar en su espíritu, o de ser la víctima, por no tener enemigos conocidos.

Su angustiado llamado de simpatía y al mismo tiempo de melancólica catártesis, era escuchado por todos los que lo rodeábamos, y a quienes se refería como “mis amigos”, aun bajo los efectos paralizantes de la artera herida producida por su confianza y buena disposición, sin comprender que a lo mejor nos llamaba “ amigos” en forma prematura como acostumbraba a llamarlo a quien ahora es causa de su desgracia y decrepitez emocional. Neófito aun en las malas artes de la “ amistad” no ha reconocido que la palabra “amistad” por la reglas semánticas establecidas por la vida, es tal vez una de las pocas palabras que no pueden ser usadas en el “tiempo presente” por que, mientras los seres humanos nos desenvolvamos en este mundo de tentaciones, orgullos, vanidades , conflictos y encrucijadas de toda índole , nadie puede asegurar cual sería su forma de conducta en los diferentes retos que nos presenta el destino.

En mi experiencia, la palabra amistad debería ser relegada solamente al tiempo “pasado”, donde ya no existe posibilidad de cambio o de alternativa, y así podemos con toda seguridad y sin temor a equivocarnos dirigirnos a alguien que ya no existe más en este universo y decir con cierto grado de orgullo “ese sí FUE un real amigo”

Quién era yo para lanzar la primera piedra en un alarde de inocencia, porque aunque tuviera la intención de confundir a los que me observan, mi mano está atada con los invisibles hilos que ha tejido mi propia conciencia, por eso es que le sugerí a mi amigo EL PERDON como alternativa, no por que yo crea en el perdón como definido, porque siempre he creído que el perdón no es nada mas que el tácito permiso para que el perdonado vuelva a reincidir en la ofensa, porque aunque las más graves ofensas son el resultado de situaciones que a veces no las propiciamos, su consumación es un acto de conducta y disposición mas que de desenfrenado libertinaje.

Siendo esta una opinión muy personal, se la sugerí porque ultimadamente cada persona es arquitecto de su propio destino, y si mi querido amigo es capaz de retornar la paz, la tranquilidad y el sosiego a su vida en beneficio de su familia que es lo que más le importa, entonces un “perdón de compromiso” podría ser una aceptada alternativa, más lo llamaría yo, un“ OLVIDO” conveniente, a un perdón incondicional.

Que fácil es evitar el mal y hacer el bien, y sin embargo constantemente se esgrimen excusas para ignorar su significado y decir “ es que yo no sabía lo que estaba haciendo”. La definición esta intrínsicamente ligada a todos nuestros mecanismos de supervivencia , ya que todos sabemos que "Bueno”, es todo lo que queremos que nos ocurra a nosotros, y “malo” es todo lo que queremos que no nos encuentre en su camino. Pero errar es humano, es la disculpa empecinada que lanzamos nosotros los pobres de espíritu. Como médico siempre he creído en una expresión de un libro arcano que decía ‘ la real labor de un buen médico, es mantener al paciente contento, mientras que la madre naturaleza lo cura”

Quiero asegurarte que los que te rodeamos y que aun tu nos das la distinción de llamarnos “tus amigos”, trataremos de mantenerte con nuestro apoyo adicto , contento y en paz, mientras que el padre tiempo termina su consabida cura y recuperación de tus sentimientos y de tus emociones, por que es “vox populi” que el tiempo es la ansiada panacea de los desvalidos en ternura.

Y como buen profesional que soy en el llanto, si es que te sirviera de consuelo, a mi regreso a casa y en mi divagar imaginario de esos momentos justamente pasados, derramé por ti y los presentes, sobre todo por aquella venerable dama que teniendo la ventaja de ser mujer derramó al unísono contigo sendas lagrimas de pena y de aflicción, uno de mis llantos reservados para especiales ocasiones, como es la propicia.

Me hubiera gustado que me observes para darte una lección de cómo lloran los débiles, sobre todo aquellos que han estado en ambos extremos del espectro, como víctima y victimario , pero a lo mejor ya estabas muy lejos, sumergido nuevamente en tu calvario personal que espero que sea pasajero.

Mi ultima confesión es que hace mucho tiempo atrás dejé de buscar la felicidad, por que descubrí que se puede ser muy “ feliz” sin ella.


Palacio Latino