|

|
Corresponsales
En
torno al romanticismo
por Paco Mora
Una de las primeras visitas que hice al llegar a
esta ciudad. de Baltimore - allá por la década de
los 70 -, fue ir a un cementerio para visitar la tumba de uno de
los mas grandes escritores y poetas de todos los tiempos: Edgar
Allan Poe, muerto de "deliriurn tremens" (vulgo alcoholizado)
en el siglo pasado. Días atrás estuve otra vez visitando
el camposanto y allá, ante la tumba del gran Poe me vino
el deseo de escribir algo sobre el movimiento
romántico.
Al mismo tiempo recordé también que, en la España
árabe, la vida social, la picardía, los ligues (lo
que ahora llamamos "flirt") sé hacia en los cementerios.
Un día a la semana, el viernes - según nos cuenta
el escritor Levi Provencal - los cementerios se llenaban de chavalas
y chavales galantes. Era el día de la galantería,
allí entre los sepulcros. De ahí proviene la frase
española de ser "un calavera", es decir, un pícaro
que se pasaba la vida en los cementerios esperando una oportunidad,
porque los ligues se iniciaban y se consumaban a veces en aquellos
floridos pero lúgubres parques, tan amados por los románticos.
En esta sociedad capitalista, consumista y materialista de hoy en
día, donde hasta el saludo esta valorado, hablar sobre el
romanticismo es, cuando menos, anacrónico; y sin embargo,
este movimiento que se produjo en las culturas europeas de últimos
del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, creo un estilo
no solo literario, sino también ideológico e influyo
también en la política y en el suicidio. Se moría
y se mataba por amor en tiempos románticos. Larra se pegaba
el pistoletazo en la sien porque Dolores Armijo no le quería,
prueba de la influencia que, en algo tan instintivo como la supervivencia,
tienen modas, ideas y hasta la lírica. Inglaterra y Alemania
fueron las precursoras geniales de este movimiento, que nació,
como reacción contra el neoclasicismo francés, internacional
y racionalista. Con el paso del tiempo el romanticismo se ha ido
transformando en sombra de una sombra; en nada.
El
poeta romántico, en su afán evasivo de lo cotidiano
y vulgar, da una gran importancia al elemento maravilloso e irreal
en sus poemas; de ahí su gusto
por las ruinas, la nocturnidad, lo tormentoso y sepulcral, lo triste
y
melancólico. Al lado de esto encontramos en cambio, una exaltación
de la
mujer y del amor, llevados a su último extremo. La mujer
es para el poeta la
musa ideal, el epicentro de su proyección espiritual en donde
giran los sueños del "YO". Naturalmente, este choque
entre lo ideal y lo real ocasionaba la decepción y, lo amargo
de la realidad se traduce en un suicidio, o en esa desesperación
y melancolía de sus poemas como, por ejemplo "El canto
a Teresa" de Espronceda o las "Rimas" de Bécquer.
España y su literatura constituyeron un motivo de estudio
para los románticos de casi todos los países europeos,
ya que España podía presentar una Edad Media rica
en lances y en historia, uniéndose lo legendario a lo épico.
En Alemania, los románticos enaltecieron nuestro teatro clásico.
Tirso, Calderón, Lope y nuestro Romancero sirvieron abundantes
temas legendarios. La exaltación alemana de lo hispánico,
se debió también a causas de tipo político:
el heroísmo del pueblo español frente a las tropas
napoleónicas, come reconoce el mismo Goethe.
José Espronceda es, quizás, el mas genial de los poetas
románticos españoles. Su vida es la mas típica
encarnación de la vida romántica. Siendo todavía
un chaval, interviene en las agitaciones políticas de España,
fue encarcelado y posteriormente desterrado en Lisboa, donde conoce
a Teresa. Mas tarde marcha a Londres, donde vuelve a. ver a Teresa
ya casada, la rapta y se marchan juntos a París. Allí
combatió en las barricadas en la revolución de 1830
y después se enrola en el ejercito para luchar por la liberación
de Polonia. Por fin termina luchando por librar a España
del nefasto Fernando VII. Separado de Teresa, esta muere prematuramente
y el poeta, dolorido, solo le sobrevive tres años. Impulsivo
y atormentado, Espronceda. se nos muestra desde el primer momento
como la encarnación típica de un desordenado romántico.
He aquí un fragmento de su "Canto a Teresa":
"Los años ¡ay! de la ilusión
pasaron
las dulces esperanzas que trajeron
con sus blancos ensueños se llevaron
y el porvenir de oscuridad vistieron
las rosas del amor se marchitaron,
las llores en abrojos convirtieron
y de afán tanto y tan sonada gloria
solo quedó una tumba, una memoria".
|