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Susana De Moya (1922-2003)
Nació
en Santo Domingo, República Dominicana en el año 1922
cuando la pequeña ciudad se concentraba mayormente en lo
que fué el casco colonial de la Primada de América.
Su adolescencia la marcó una sociedad amistosa y de vecindarios
estrechamente enlazados que determinaron en ella una apreciación
por la unidad popular que se respiraba en los parques, calles y
corredores del pueblo. De mente ágil y decisión clara,
hizo sus estudios profesionales en la Facultad de Leyes de la Universidad
de Santo Domingo de donde egresó como la segunda mujer dominicana
con el diploma de Licenciada en Derecho. Poco tiempo después
contrajo nupcias con el también Abogado Oscar de Moya.
Susana inició su carrera en el mundo diplomático
cuando su esposo fué nombrado Cónsul Dominicano en
Cabo Haitiano, Haití, en el año 1944, tiempo aquel
en que las relaciones eran muy difÌciles e impredecibles
entre los dos países que comparten la Isla Hispaniola. En
este ambiente desarrolló un sentido caritativo y de protección
para conocidos y extraños que la ha caracterizado desde entonces.
Otras posiciones diplomáticas en Quito, Ecuador y después
Port au Prince, Haití la perfilaron como internacionalista
hasta que en el año 1949 ella, Oscar y su hija Susanita se
vieron forzados a escapar, como tantos dominicanos lo habÏan
hecho, y asilarse en los Estados Unidos frente a la amenaza sanguinaria
del régimen de Trujillo.
En Baltimore, Maryland, Oscar y Susana dedicaron sus actividades
trabajando para compañías navieras que enlazaban este
puerto importante con América Latina. En el año 1968
Oscar fué nombrado Cónsul en Baltimore por el nuevo
gobierno dominicano, lo cual le proporcionó a Susana la oportunidad
de relacionarse personalmente a nivel oficial y político
en esta ciudad y de manifestar sus impulsos humanistas sirviendo
a todos los que necesitaban su ayuda ó amistad. En las reuniones
oficiales era el estímulo catalítico entre tantas
nacionalidades diferentes y en el mundo popular era la amiga, la
orientadora, la que acogía al pobre ó alentaba al
polizón sorprendido en los muelles y cuya circunstancia requería
la presencia del Cónsul. Al enfermarse Oscar, Susana fué
designada Vice-Cónsul, posición esta que aún
ejerce con dedicación y eficiencia.
A
medida que la población dominicana creció en Baltimore,
Susana se convirtió en la fuerza que mueve a todos los grupos:
en las iglesias, en los clubes sociales y en los vecindarios donde
se han establecido los inmigrantes. Su presencia es fuente de unidad
y su influencia ha beneficiado el proceso de adaptación social
de sus compatriotas. En especial, Susana ha manifestado una afinidad
extraordinaria para crear y fortalecer proyectos dirigidos al desarrollo
de los niños dominicanos y de otros grupos latinoamericanos.
Y cuando su Patria ha sufrido terribles catástrofes naturales,
ella ha sido el clarín y la voz aglutinante que impulsa la
búsqueda de ayuda convirtiendo su casa en un verdadero almacén
destinado a Santo Domingo.
Considerando que Susana ha contribuÌdo por tantos años
de manera desinteresada y noble a mantener las tradiciones culturales
de su país de orígen y se ha esforzado a enriquecer
el crecimiento intelectual de los niños dominicanos, sus
amigos han establecido la Susana
De Moya Foundation. Esta corporación está
dedicada a reconocer el mérito escolástico de adolescentes
dominicanos con un aporte económico que les permita ó
los estimule a continuar su vida académica con mayores facilidades.
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