ANNE BRADSTREET, SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ,
RIMA DE VALLBONA Y LA SOCIEDAD PATRIARCAL:
DEL SOSLAYO A LA SUBVERSIÓN
Rima de Vallbona, nacida en San José de Costa Rica, se doctoró en Lenguas Modernas por el Middlebury College (Vermont) y desde 1964 hasta hoy ha formado parte del claustro de profesores de la Universidad de St. Thomas, en Houston. Pertenece —entre otras organizaciones profesionales— a la National Writers Association, a ALDEEU (Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en Estados Unidos), al Círculo de Cultura Panamericano.
En el campo de la crítica literaria ha publicado, entre otros estudios, La obra en prosa de Eunice Odio (1981) —la extraordinaria poeta mexico-costarricense— y la edición crítica de Vida i sucesos de la Monja Alférez . Esta edición crítica de las supuestas memorias de Catalina de Erauso, con ocho apéndices repletos de referencias a documentos que verifican la existencia de la Monja Alferez y que señalan los errores y anacronismos en la historiografía generada por su figura, contiene, además la bibliografía más completa hasta la fecha sobre Catalina de Erauso, heroína trágica, quijotesca, compleja y ambigua, capaz de matar y robar y hacerle una higa a la justicia pero tambien fiel a sus afectos, valiente y arriesgada.
Como narradora, Rima de Vallbona ha publicado la novela Noche en vela (1968), texto primerizo, tanteador, pero que mostraba ya a una novelista de talento. La redacción de Noche en vela constituyó para la autora una verdadera experiencia catártica, ya que, a lo largo de los cuetos y vericuetos de su escritura, perdida en el laberinto del vacío existencial, consiguió vislumbrar al fin un rayo de esperanza en la presencia divina. En esta novela “existencialista” (¿y qué novela no lo es?), se oyen ecos de la Biblia y sobre todo los murmullos de Las Confesiones de San Agustín, reveladora religiosidad que no le impide denunciar los abusos del clero, su hipocresía, sus bochornosas debilidades. Pero, ya se sabe, la religión institucionalizada está en manos de los hombres, criaturas de carne y hueso, sujetos por ende a la implacable tiranía de las pasiones. En su aspecto formal, Noche en vela muestra ya un afán innovador, en parte impulsado por la explosión de la novelística latinoamericana y en parte por la influencia de Jorge Luis Borges.
En su segundo libro, Polvo del camino (1971), Rima de Vallbona incursionó por primera vez en ese género tan difícil, por su misma escueta y medida andadura, que es el cuento. Y yo creo, sin desdeñar ni mucho menos sus novelas, que Rima de Vallbona es una de las grandes cuentistas contemporáneas, pues en ese breve y tenso espacio escritural es donde su voz encuentra su mejor eco.
Siguieron los cuentos de Mujeres y agonías (1982) y la novela Las sombras que perseguimos (1983), intento —según Juliette Decreus— de “hacer una novela que (fuera) la suma de sus sueños y de sus esperanzas; de la libertad de su infancia y de la estabilidad de su madurez; de su escepticismo y de su sed de Dios; una novela que (fuera) para todos los seres en lo que ellos tienen de más fuerte y más vulnerable, de más secreto, de más profundo”. (126)
Tras la aparición de dos cuentarios más, Baraja de soledades (1983), y El arcángel del perdón (1989), Rima de Vallbona publicó en 1991 la novela que habría de tener tal vez mayor resonancia entre las suyas: Mundo demonio y mujer . En sus páginas, la lucha y la experiencia colectivas, de significación íntima y privada —como ha señalado Jorge Chen Sham— confieren al texto un carácter testimonial, en donde “la legitimidad misma de ciertas estrategias discursivas, al recurrir frecuentemetne al registro intimista de la autobiografía, sólo se justifica ... en cuanto ilustra la vida de todos” (Prada Oropezxa: 1990: 37).
Los 14 relatos de Los infiernos de la mujer y algo más (1992) giran en torno a dos de sus preocupaciones máximas: la mujer, como víctima de la sociedad patriarcal, y la náusea existencial provocada por la retórica capitalista.
Además de la temática religioso-existencial, Rima de Vallbona ha explorado en sus libros la soledad, la vejez, la muerte, la vida como misterio, los vaporosos ámbitos de la realidad-surrealidad. Pero además de estos temas, sin duda tradicionales (yo no sé si patriarcales o no) Rima de Vallbona se ha atrevido a bucear en aguas no por turbulentas, menos fascinantes, como el lesbianismo en su relato “Caña hueca”; el incesto, en “La niña sin amor”; la masturbación de la mujer en “Lo inconfesable” ; la homexualidad y el trasvestido en “Beto y Betina”.
Pero sobre todo, y como ya he señalado, el eje de sus preocupaciones lo constituye la situación de la mujer en el mundo, como víctima y como victimaria. Pero ojo: Rima de Vallbona no se considera feminista, no al menos con la trasnochada hysterico passio de abanderada, de cruzada, de algunas de nuestras y nuestros escritores actuales, feministas y feministos a la violeta, lo cual no significa que Rima de Vallbona se desentienda de su condición de mujer, y de mujer escritora. Dejemos que sea ella misma quien nos lo aclare : “Nosotras escribimos de una manera diferente a los hombres. ... Pienso que el hombre se pierde algo vital y trascendental, porque pone la meta en cumplir con el deber, lograr sus ambiciones, alcanzar fama y riquezas. En cambio, dentro de nosotras bulle un mundo de intimidades y menudencias cotidianas, pero esenciales, que se van manifestando a lo largo de nuestra escritura”. Después de todo, tal vez tenga razón May Daly cuando afirma que “Femininity is a man-made construct, having essentially nothing to do with femaleness”.
Anne Bradstreet y Sor Juana Inés de la Cruz
Confieso que cuando recibí el discurso que Rima de Vallbona había pergeñado para esta memorable ocasión, y leí el nombre de Anne Bradstreet, para mí totalmente desconocido, lo primero que hice fue ir a los estantes de mi biblioteca por ver si entre las antologías de literatura norteamericana, entre las Emily Dickinson, las Bronte, Carson McCullers y Sylva Plath, aparecía ese fantasma de Anne Bradstreet. Así, espulgando aquí y allá, me fui familiarizando con la vida y milagros de la poeta de la Nueva Inglaterra.
Si aceptamos, con Ferdinand de Saussure, que “la lengua es un sistema de valores”, qué duda cabe que nuestros valores (es decir, los valores hispánicos) son cristianos, incluso para quienes se declaran agnósticos. Abellán se ha referido, en más de una ocasión, a dos rasgos definitorios del catolicismo frente al protestantismo, típicos de la mentalidad hispánica frente a la anglosajona. Uno de esos rasgos es “la tradicional apertura al pobre mantenida por la ética católica” frente a “la dignificación de la riqueza en las religiones protestantes...que ha llevado al capitalismo como sistema económico. El segundo rasgo definitorio sería la atención prestada por el cristianismo a lo colectivo: la religión católica es una religión donde la salvación está en función de nuestra relación con la comunidad espiritual”, mientras que en las iglesias protestantes “el fiel mantiene una relación individual y directa con Dios.” De aquí provienen, según Abellán, elementos compensatorios: “el comunitarismo católico provoca una reacción sociopolítica de anarquismo social e institucional, mientras que el individualismo protestante estimula el desarrollo institucional y organizativo de la sociedad”. Si nos atenemos a
esta hipótesis, creo que las diferencias que ha señalado Rima de Vallbona entre Anne Bradstreet y Sor Juana Inés de la Cruz se explicitan aún mejor.
A estas diferencias, yo añadiría otra, obvia, fundamental, entre la poeta de Nueva Inglaterra y la del virreinato: el cultivo de una temática de la maternidad, inexistente en Sor Juana y predominante en Bradstreet. Ahora bien, y siguiendo a Hélene Cixous, este espacio de la maternidad tan cultivado por Bradstreet como por otras escritoras del mundo anglosajón como del hispánico viene en el fondo a reforzar la relación patriarcal Mujer-Naturaleza, reintroduciendo así una —a mi entender, nefasta, por paradójica— oposición binaria entre Cuerpo-Mente. En este sentido, me parece que esa sutil ironía que Rima de Vallbona percibe en Bradstreet se diluye, se difumina, ante su mismo arrobo androcentrista, falologocéntrico.
Quisiera terminar estas líneas con unos versos de ambas poetas. Además, la misma Bradstreet, con ese proverbial talante calvinista de austeridad, de autocontención, dijo que “Sweets words are like honey: a little may refresh, but too much gluts the stomache” :
By night when others soundly slept,
An had at once both ease and rest,
My waking eyes were open kept
An so to lie I found it best.
I sought Him whom my soul did love,
With tears I sought Him earnestly;
He bowed His ear down from above.
In vain I did not seek or cry.
My hungry soul He filled with good,
He in His bottle put my tears,
My smarting wounds washed in His blood,
And banished thence my doubts and fears.
What to my Savior shall I give,
Who freely hath done this for me?
I´ll serve Him here whilst I shall live
And love Him to eternity.
(De Meditations)
Y por último, de Sor Juana Inés de la Cruz, el conocido soneto “Quéjase de la suerte: insinúa su aversión a los vicios y justifica su divertimiento a las Musas”:
¿En perseguirme, Mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimienteo en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas;
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi pensamiento
que no mi pensamiento en las riquezas.
Y no estimo hermosura que, vencida,
es despojo civil de las edades,
ni riqueza me agrada fementida;
teniendo por mejor, en mis verdades,
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.