X PREGÓN DE LA TERTULIA TAURINA DE LOS TRECE
PREGONERO: JUAN ANTONIO HUGUET PRETEL
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Cuando todavía está, casi caliente la cera, que resbalando en silencio doraba la cal del muro en las oscuras noches de penitencia, y aún no han terminado de marchitarse los claveles, lirios y azahares, que entre las nubes de incienso pusieron aroma en el aire y dieron color a la pena. Cuando todavía nos parece seguir oyendo, suspendida en nuestras almas, la música que tantas veces dio sonido al dolor y compás al sentimiento por las calles de Sevilla, se levanta la mañana con aires de vida nueva, y entre repliques de Gloria, la luz, que es atmósfera de Primavera, anuncia alegre a los vientos que ha comenzado una vez más, eternamente, en todos los corazones, en todas las casas, en todas las flores, el campo, las aves, los cielos, los mares, la vida una vez más, para siempre!... Y por eso, todo se inunda en Sevilla, con sus mejores reflejos, y la ciudad se hace luz, y la luz se hace Sevilla, y la Giralda proclama, toques de alabanzas a lo lejos, la Resurrección victoriosa de quien nos dejó el Amor, la Felicidad y la Vida, como único sendero hacia un horizonte supremo... Y Sevilla, que lo entiende así, con una especie de sexto sentido, mejor que nadie, se apresura a resucitar toda ella, cada año, para siempre, en una cegadora explosión de luz, de color, de calor, de perfumes, de alegría; en una luminosa alborada, peremne canto poético a la salida de ese sol, que ilumina y vivifica continuamente para siempre.
Y este pueblo iluminado se apresta pronto a la fiesta, y como primera medida se decide por celebrar, eternamente, desde siempre, el ancestral ritual taurino, en el círculo dorado - mágico anillo sin fin - de su plaza maestrante, templo taurino !, donde resuena el clarín anunciando clamores de alegre esperanza. Y ya, la música que acompasó el dolor y le dio sonido a la pena, dándole un quiebro a la muerte, se hace ahora eco de la gloria; y la dulce mecida del paso, se convierte en templado lance, y la "chicotá"se hace tercio, y las borlas del palio, alamares; la saeta, pasodoble torero, y "Pa que no falte de ná, en la liturgia sagrada del hombre, el toro y el sol, de este primer Domingo grande del año, Sevilla que entiende y sabe vivir entre aromas y entre olores, convierte el incienso en romero." *** .
La "Tertulia de los trece", cabal reunión de amigos cabales donde los haya, tuvo a bien elegirme pregonero para esta temporada; así que la misión que se me ha encomendado es, la de proclamar, ante ustedes, en voz alta, la noticia que me encargan, para que todos conozcan la buena nueva de que, una vez más, nuevamente, comienza la temporada taurina en la Maestranza. Aunque, en estos momentos, a nadie escapa, que yo tenía que haber pregonado aquí con más tiempo, hace días; porque como es notorio, ya ha ocurrido el suceso que yo venía a anunciar... Ya pasó el día primero, en que reunido el pueblo entorno al dorado circulo sin fin, celebró una vez más , desde siempre, el rito del sol y la sombra, de la muerte y de la vida, del vacío y de la Gloria. Ya sonaron por primera vez los clarines convocando a la suerte ; ya se plantaron firmes por primera vez ,los hombres de oro y de plata , en la arena ; ya saltó el primer toro a la plaza , y la pasión estremeció los corazones; !ya se realizó el prodigio !, y la luz ,la forma, el aire y el tiempo, se conjugaron a una, materializando el más bello de los sueños: una tarde de toros en Sevilla...!Difícilmente puede haber nada comparable a esto! Difícil tarea también es esta , de tratar de anunciar lo que todo el mundo sabe, desde siempre, que ya ha ocurrido, y que ha de ocurrir nuevamente, una y otra vez en Sevilla hasta siempre, en una repetición eterna sin principio ni fin; como todo cuanto acontece en esta milenaria ciudad, para siempre. Aunque, precisamente, esto mismo le quita dificultad al anuncio; aunque todo el mundo lo sepa, aunque lo que ha de ocurrir ya haya ocurrido cientos de veces por los siglos de los siglos; no importa .Puesto que no creo posible encontrar en el mundo otra ciudad que sea capaz de sorprenderse eternamente a sí misma de sus mismas cosas, como se sorprende Sevilla...Porque Sevilla, señores es maestra de maestras en renovar y hacer siempre nuevas, repitiéndolas desde siglos, cada año, sus propias imágenes. Del mismo modo que el sevillano es maestro en saber ver como nuevas, cada año desde siglos, esas mismas escenas provocadas por él, y capaz de sorprenderse de ellas, cada vez que las ve, como si realmente fuera la primera.
Sin duda alguna es este un "don " singular, que Dios ha dado a esta bendita tierra, tan llena de dones, y una capacidad maravillosa que ha otorgado a sus hijos; quizás para que en lo poco ,sepan gozar de mucho, y en lo mucho no pierdan de vista el valor que puede alcanzar lo poco. De manera que en lo sencillo ,en la cal y el barro, el gesto y la voz, el geranio, el clavel y el azahar, sepa siempre encontrar el justo equilibrio, la belleza y la gracia.
Por eso un sevillano tendrá siempre a punto las lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta al oír el mismo villancico que le cantaron de niño, pase el tiempo que pase y lo oiga las veces que lo oiga; a un sevillano, se le acelerará el corazón cada año al ver los primeros naranjos en flor en las calles de su Sevilla, y aspirará su aroma como si fuera la primera vez que tiene el placer de olerlo; y se sorprenderá ilusionado, también como si fuera la primera vez en su vida, al encontrarse con el primer nazareno del año al doblar una esquina; y temblará de gozo, al ver la primera "cruz de guía", y se enamorará una y otra vez, de los mismos reflejos dorados del palio de la Virgen de sus amores y descubrirá cada año una vez más, como la primera, el sonido indescriptible del tintineo de los flecos y las borlas sobre un varal. Y oirá alborozado el repique de Gloria de la Giralda de siempre, a la que también mira con ojos nuevos, cada vez, sorprendiéndose de su belleza como si fueran mil maravillosas torres distintas, que se asoman gallardas desde lo alto a todas las calles de siempre, por primera vez.
Y cuando se produce el milagro supremo de la Resurrección, y la Vida da comienzo nuevamente a su ciclo, el sevillano de siempre, mira atónito otra vez, como la luz inunda su ciudad, sus calles, sus plazas, sus torres, su río, sus puentes, los jardines ... y todo se viste, como cada año también, de la misma manera nueva. Y como también cada año, desde siempre, de la misma nueva manera, caminará ese mismo Domingo de Resurrección nuevo de toda la vida, cruzando el río quizás !que belleza ! como romero de una romería única que solo aquí, en Sevilla, se puede dar, hacia la blanca "catedral del toreo"; que está ahí desde siempre, mirada desde siglos, con los mismos ojos nuevos, con el corazón henchido por la ilusión de poder ver y sentir lo que en su interior pueda ocurrir, por primera y única vez, desde siempre, cuando en ella estalle la luz, el color y el sonido, en esa explosión única en el mundo que terminará por hacerse Feria; y cuyo resplandor se prolongará durante todo el ardiente verano, hasta remansarse, como las aguas de un río al llegar a un lago, en el cálido, apacible, dulce otoño sevillano.
En realidad, creo yo, que en el fondo, y aunque desde algunos puntos de vista -generalmente alejados de la verdadera idiosincrasia espiritual del sevillano- no se entienda así, todo este comportamiento no es más que la consecuencia de una manera intimista de vivir, un recrearse interiormente en el mundo que te rodea, una forma gozosa de gozar en profundidad del propio gozo que le produce al sevillano ser consciente de saberse en posesión de un espíritu que de un modo natural y espontáneo resulta íntimamente gozoso, y capaz de nacer y renacer en sí mismo con alegría, cuantas veces le sea necesario a causa de los diversos avatares que le pueda presentar la vida ; y que a lo largo de la historia general de este pueblo y en particular de cada componente del mismo, no han sido pocas las ocasiones de resurrección individual y colectiva que ha tenido que afrontar! Sevillano, Ave Fénix, que nace ,muere y renace continuamente en su milenario caminar; muriendo y naciendo, cayendo y levantándose, hundiéndose y volando; dibujando una gráfica maravillosa, que sube y baja, pero que por más que baja siempre se rehace y sube; lo que se refleja claramente en la organización de cuantas celebraciones están más estrechamente vinculadas a él. Como ocurre con la proximidad en el tiempo entre la Semana Santa y la Feria de Abril; en las que, el alma sevillana, tras entregarse apasionadamente a la conmemoración de la Pasión y Muerte de Cristo y llorar junto al dolor de María, con los que se identifica profundamente, termina por explotar de forma deslumbrantemente vitalista solo a los pocos días, marcando, creo yo, las dos cotas más extremas de sus expresiones más íntimas.
Cuantas veces he oído criticar que la Feria se sitúe precisamente de manera tan inmediata al final de la Semana Santa!. Como si nos olvidásemos de esta con suma rapidez, sustituyéndola frívolamente por el cante y el baile por sevillanas, sin entender que precisamente esa gran explosión de luz, color ,calor y vida, se basa en un no olvidar el dolor de cada día, y que cuanto más cercanos está el sevillano del dolor, más se eleva en él, el anhelo de la vida. Y la Feria, señores, cada vez, cada año, no es más que la máxima expresión de la resurrección de todo un pueblo, en la que todos a una, como un inmenso Lázaro, se levanta y anda -cada año!- apostando por el bien supremo de esa vida.
Puede, que todo esto desde fuera no sea fácil de entender, y que aún desde dentro, tampoco se entienda del todo si no se profundiza en ello suficientemente. Puede, que sea difícil de captar en toda su dimensión, y que solo algunos espíritus foráneos -que siempre los ha habido- dotados de especial sensibilidad, logren desvelar ese misterioso, oculto, íntimo rostro de Sevilla. Puede, claro está, que todo esto no sea más que una ilusión, elucubraciones del que aquí está hablando, y no tenga un valor real. Puede! ... pero a mí me parece, y eso es lo que digo, que por encima de todo, y sin caer en apasionamientos vanos, que este pueblo milenario, producto de encuentros y fusiones de otros muchos pueblos y culturas, cargado de una compleja historia, y no menos complicada realidad, se perfile entre todos los otros pueblos del mundo - Y aquí me hago eco, de una atinadísima frase de mi amigo y compañero de tertulia Fernando Moreno - como "otra cosa".
Otra cosa!...Si señores, Sevilla es "otra cosa"; y no puede quedar más clara su definición, que precisamente en esa indefinición de "otra cosa". Por algo el mismísimo Machado, cuando califica y cualifica a todas y cada una de las provincias de Andalucía, con los más hermosos requiebros que se le pudieron ocurrir, al llegar finalmente a Sevilla, a esta tierra bendita del cielo, queda en suspenso, inmerso en una ensoñación inmensa y solo acierta a decir - como en un susurro, con esa voz profunda, temblorosa y sincera, que utiliza el hombre para decir "te amo" desde lo más profundo del corazón...- "y Sevilla."... Así , sin nada detrás, sola ella sin calificativo posible, sin elogio que pueda ensalzarla aún más de lo que está en la mente y en el alma del poeta, sin piropo que acierte a cantar su luminosa belleza. "Y SEVILLA"...Sola ella en la más tremenda definición que hacérsele pueda. Eternamente indefinida, distinta y única...Porque Sevilla, señores, como dice mi contertúlio Fernando," es, otra cosa". *** Y porque Sevilla es "otra cosa", también como es natural, la forma de ver de sentir y vivir la vida de sus hijos - que sin duda puede resultar a los ojos foráneos cómo algo cuanto menos calificable de "peculiar"- es en realidad distinta en muchos aspectos. Así que todo lo que acontece entre ellos, y fundamentalmente cuanto ellos se deciden a realizar, llega a tener un desarrollo que, sin duda, podría calificarse de sevillano modo, de sevillana manera de hacer...Aquello que algunos llaman con elocuencia, "SEVILLANIA"; un concepto que para mí es sinónimo expreso de profundidad, en la más clara acepción de este término. Porque decir, sevillanía, es tanto como referirse a lo profundo del modo y del suceso, encontrarse cara a cara con lo que procede de lo más hondo, de lo que sale directamente del alma, de la esencia misma del propio hecho, y que es expresado con una evidente solemnidad formal, aunque se trate de algo que para otros, en otra sintonía, en otras tierras, en otras latitudes, pudiera ser considerado menor, irrelevante, sin trascendencia. Y es en este punto, precisamente, en lo que yo interpreto lo que consiste esa verdadera, y para algunos misteriosa, "Sevillanía"; que defino para mí, como el arte de trascender, de ser capaz de desvelar lo que en cada cosa permanece oculto, sintiéndolas, penetrándolas, hasta identificarse con ellas, comprendiendo que aquello que ocurre, que se realiza, tiene verdadera importancia, gravedad, efecto, consecuencia...Ya sea poner una flor, enderezar un cirio, envolverse en un capote o ceñirse en un mantón, cruzar andando la plaza, ponerse la montera, escuchar en silencio un cante, tomarse una copa en la Feria ...que de esta forma de lo poco se ha sabido siempre hacer mucho, y de lo mucho hacer aún más...Como los artistas sevillanos siempre han sabido hacer: de una jarra de barro -Zurbarán- una porcelana, de un pequeño mendigo -Murillo- un ángel, de un bufón -Velazquez- un rey. Esto ha sido para que se comprenda: sevillanizar el Arte.
Y para que terminen de entender esta manera de ver y sentir la vida yo les invito, señores, a ir a los toros; fiesta y lugar donde el sevillano expresa de manera especial el concepto de la sevillanía. Plaza, pueblo, arte, vida y muerte, muerte y vida, sombra y sol, infierno y gloria, triunfo y dolor; pocas cosas encierran en sí misma tantos elementos de sevillanización.
Vivir los toros en Sevilla, que no es solo cuestión de ir, es quizás la forma más clara de comprender cuanto hasta ahora he dicho sobre el sentir de Sevilla y los sevillanos, así que yo les animo a ir a los toros a vivirlos con el corazón pleno, a sentir desde lo más profundo, lo más hondo, cuanto ocurra en el ruedo; a empaparse de luz, color, calor y sonido; a empaparse de mito y de historia, a disfrutar y realizar el rito que ocurre ahí desde siempre, que ocurre hoy, hasta siempre, en una dimensión de trascendente eternidad, donde el infinito, el hombre y la fiera se encuentran, viven, luchan y mueren, aman y resucitan, en uno de los dramas más fascinantes que los humanos han vivido: la corrida.
Y un suceso así, en una ciudad singular, no puede más que celebrarse en un lugar singular, distinto a todos cuantos se conocen, un lugar único, fuera del tiempo y del espacio, mágico, trascendido en los siglos, en el que cuando uno penetra a sí mismo se trasciende...Donde el corazón se te llena de luz, calor, color y belleza, hasta dejarte extasiado, de tal manera que ya no hay hoy ni mañana, sino un presente intemporal, fuera del mundo para siempre, un aquí eterno que ya nunca se te saldrá del alma...,la plaza de toros de la Real Maestranza.
Como me dijo hace unos años un visitante venido de tierras del Norte de España ,al que me vi en la necesidad gozosa- que eso de ir a los toros en Sevilla siempre es un goce- de acompañar un Lunes de Feria a presenciar la corrida de Doña MLuisa Domínguez y Pérez de Vargas. El buen amigo- que ya parecía a punto de infarto, de expectación y alegría, por el camino de los Remedios a la Maestranza, cruzando el "puente San Telmo", al ponerse ante la portada, cruzar la puerta del Príncipe (promesa de sucesos extraordinarios) y subir las estrechas escaleras, entrando por esa angosta abertura que da derecha al interior de la plaza, y encontrarse de lleno dentro de ese recinto cerrado, patio equilibrado e intimo, como de casa, que es el "corazón torero del mundo", y más que corazón el alma; y ponerse frente a frente con el ruedo dorado, los tendidos, los arcos, y en lo alto la Giralda - tras un largo rato de silencio, en el que su espíritu se llenaba y se llenaba, con los ojos saltando las lágrimas, el corazón en la boca, con mis manos apretadas, exclamó con su fuerte acento gallego: "Ya pueden, si quieren , suspender la corrida y yo volverme a casa, que con todo esto que he vivido esta tarde hasta ahora, ya tengo suficiente para disfrutar recordando, contando, soñando esta experiencia maravillosa toda mi vida..."
No nos hemos vuelto a ver desde entonces, pero me lo figuro en sus ratos tranquilos, en sus ratos de calma, soñando con aquella fachada blanca de la "catedral torera " que se levanta a la orilla del río de historia milenaria; Guadalquivir de los sueños de Tartesos, Roma y Arabia; Guadalquivir de las vegas fecundas -Nilo andaluz- de marineras aguas; caudal de vida, riqueza y esperanzas, que aunque desciende bravío desde las sierras más altas, se remansa ,se adormece, se embelesa y se hace calma, a los pies de la Giralda; a compás de cante grande, al ritmo de una "verónica romera", a la cadencia dormida de un "olé" en la Maestranza.
Verdaderamente que pocas cosas hay tan gozosas como el ir a los toros en Sevilla, acercarse desde cualquier punto de la ciudad a la plaza, y sumarse, ya en las cercanías de ella, a esos grupos de aficionados que caminan hacia el "santuario torero" como romeros en romería. Y si es desde Triana, andando la calle Betis, pasando el Altozano, cruzando el puente en un baño de luz purificadora que se te adentra hasta las entrañas, y te vivifica y ennoblece en una conjunción de fuerzas mágicas, cuando te acercas expectante al frontón -arco, columnas, cadenas- de la puerta de la Maestranza, que se levanta solemne, altiva, hierática, hermosa, deslumbrante, casi enigmática, segura de que dentro encierra, guardado por los más celosos duendes, el disco solar de la gloria, hecho de tierra dorada, pero también de ensoñaciones, quimeras, esperanzas, de dolor y alegrías, de la sangre derramada, de mitos ancestrales; de la eterna, profunda, cabal historia de hombres jóvenes, nobles y fuertes, que pisaron con firmeza el circulo mágico de la plaza, sus pechos llenos de energía y los ojos anegados de esperanza, para celebrar el rito eterno de la vida y de la muerte, y alcanzar el cielo, trascendiéndose a sí mismos, a la vez que al espacio a la forma y al tiempo, aunque solo sea en un minuto, para quedar suspendidos para siempre en una eternidad gloriosa.
!Maestranza de Sevilla, la de la cal y el albero, fuente de luz y nobleza, distinta y única!. Habrá plazas más antiguas, como los anfiteatros romanos de Francia; con más solera, como la de Ronda; con más duende, como la del Puerto; más grandes y modernas, como estadios; habrá, eso dicen, la que se considera la más importante del mundo, la primera, la que más pesa en el toreo, la número uno !que importa, la de Sevilla es, "otra cosa".
Ya lo dijo mi amigo Fernando, cuando estando en los tendidos de esa primera plaza del mundo le dijeron, al echar él de menos la música en una faena importante del maestro Antoñete, "A ver si se cree usted que está en Sevilla, amigo, no olvide que esta es la primera plaza del mundo", y Fernando, con la parsimonia que le caracteriza le contestó: "Tiene usted razón, amigo, esta es la primera plaza del Mundo, la más importante, la de Sevilla es ..."otra cosa". "Otra cosa", que ratificaba en otra ocasión, un torero grande sin duda, serio, solemne como pocos, Santiago Martín "el Viti", durante una entrevista que le hacían para Televisión Española. Preguntábale el locutor con entusiasmo, cual era el mejor momento de su carrera, que día, que faena consideraba la más importante...Y como el maestro permanecía callado, la cabeza recostada en el respaldo del sillón, los ojos cerrados, el entrevistador impaciente, queriendo que como pasa casi siempre, le contestara según ya había determinado su propia idea, le apremió; "Sin duda estará usted pensando, maestro, en el día que salió por la puerta grande de Madrid!". Y el maestro, enderezándose, abriendo los ojos como quien sale de un largo, profundo, sueño, sonrió y dijo: "Nó, estaba pensando, en otra cosa; en un día distinto y único para mí; una tarde de Feria en Sevilla. Estaba yo toreando, el silencio, ese silencio de la plaza de Sevilla, era total, se oían piar los pájaros en los árboles que están delante de la Maestranza, en el paseo que la separa del río. De pronto comenzaron a sonar las campanas de la Giralda, y entonces yo, alcancé la Gloria...Ese es el día más importante de mi carrera, el más grande, el más imborrable de mi memoria."
Bendita definición del gran maestro, que olvidándose de todos los triunfos pasados, ignorando los muchos aplausos cosechados por el mundo, los numerosísimos trofeos de todo tipo que le rodeaban en el salón de su casa donde se realizaba la entrevista, y dando muestras de su sensibilidad y señorío, se nos mostró aquel día como quien fue transfigurado en un instante, aquí en Sevilla, para siempre, y es consciente de ello, para siempre. Benditos todos los que gozan de tan hermosa gracia, y tocaron la Gloria en este ruedo. Y benditos también todos aquellos que fueron capaces de transfiguraron a nosotros mismos, al compás cadencioso de su capote, en un lance eterno, abriendo el compás, cargando la suerte, sacando el pecho, inclinando la noble cabeza sobre el hombro, mientras pasa el misterio de la vida, el amor y la muerte, casi, que no rozando por el vientre; para darle salida en una resurrección gloriosa, en medio de un ronco, largo, cálido, profundo "olé" complacido; dicho por bajo, a la altura que en el toreo, hacer y decir las cosas se debe. Un "olé" que quedará en lo más hondo del corazón de quien supo arrancarlo de una vez para siempre. Un "olé" que a quién tiene ocasión de decirlo, le produce tal placer que parece dedicárselo a sí mismo; porque nunca se sabe del todo , si se lo dice al torero o al gozo de ser testigo de tan glorioso momento. Por eso yo quiero brindar agradecido este modesto pregón sin picadores, a aquellos maestros que fueron capaces de arrancarme del corazón ese ronco "olé" complaciente, que sólo se dice en Sevilla, cuando se es consciente de la eternidad señera de un instante irrepetible. Yo aprendí a vivir, amar, sentir los toros de la mano de mi abuelo cuando era solo un chaval, en el balcón 85 del tendido 11, cerca del maestro Tejera, el de la música sabia. Allí aprendí de aficionados de solera, cuando yo era para ellos solo "el niño", de D. Pedro Tierno -ancho, grande, chaqueta blanca y sombrero- lo que era un toro y un torero; del orfebre Manuel Seco, a apreciar el arte, como artista que era; y de otro vecino de balconcillo -amable como él solo, pero del que no recuerdo el nombre- a respetar siempre, a admirar el valor, a comprender a quienes tienen la hombría de echarse "pá lante"y pisar la arena . Allí comprendí, de Rafael Ortega lo que era una estocada; de Diego Puerta, el valor y la gracia; de Antonio Bienvenida, el señorío; del otro Ortega -Domingo- lo que era andar y mandar ante el toro; lo que es estar siempre en su sitio, con voluntad, gallardía y "guapeza", de Jaime Ostos y su "cuadrilla de oro", Vito, Blanco y González ,que de plata solo tenían los vestidos; lo que era el arte con duende de Curro Romero ; y lo que era la grandeza, la cúpula y cima del toreo, el sueño hecho realidad contemplando al maestro Antonio Ordoñez. A todos ellos quiero brindar esta humilde faena, por todo cuanto creo deberles... Va mi brindis también por quienes confiaron en mí para realizar esta tarea, y proponerme de pregonero; para quienes han tenido la bondadosa condescendencia de escucharme, y para quienes deseando hacerlo no han podido. Fue por Ustedes! HE DICHO. ***
Dado en Sevilla, en el Real Círculo de Labradores el día 1 de Abril de 1997. |